Prueba Kawasaki W800 Cafe


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Mucho ha llovido desde que empezase en el Reino Unido la moda de las cafe racer, que como otros géneros estéticos del motociclismo tuvo su origen en las modificaciones que hacían los dueños por su cuenta. Con el tiempo, los fabricantes se fueron sumando a la tendencia, y hoy el género café racer está plenamente vigente.

Entre todas las opciones que nos brinda el mercado, la Kawasaki W800 Cafe es una posibilidad que no es precisamente económica, supera los 10.000 euros, pero está en un término medio entre las modestas monocilíndricas de 125 cc y las potentes motos de más de un litro. Su potencia máxima clava el tope legal que exige la licencia A2 sin necesidad de limitarla, 48 CV.

Kawasaki-W800-Cafe-2La japonesa combina varios elementos estéticos de las cafe racer, pero añadiendo el toque la cúpula frontal que es más propia de los años 70, la cual además de ser un buen adorno tiene su lado funcional, aparta bastante aire, y guarece una instrumentación de doble dial analógico con una pequeña pantalla digital a la izquierda.

La mecánica no solo parece clásica, en cierto sentido lo es. Aunque cumpla con las modernas limitaciones antipolución, combina la refrigeración por aire con la distribución de árbol vertical con engranajes helicoidales. El escape tipo lanzador de guisantes -en inglés, “peashooter”- le da credibilidad al conjunto.

Su chasis tubular de acero de doble cuna es rígido y se combina con una horquilla telescópica sin ajuste, con barras de 39 mm y un ángulo de 27 grados. Esta elección favorece una conducción tranquila, pero dinámica, aportando estabilidad a cambio de una ligera pereza en sus reacciones. No es la opción más deportiva de su categoría. Es coherente con su motor, que sube de vueltas con alegría, pero sin excitarse. Las reacciones de esta moto son previsibles incluso abriendo gas a la salida de los virajes. Quizás esté algo falta de carácter.

Kawasaki-W800-Cafe-3La mecánica de 773 cc de dos cilindros en paralelo tiene un esquema de carrera larga y bielas caladas a 360 grados, por lo que los dos pistones se mueven al unísono, y dispone de un sistema de equilibrado que dulcifica su uso. El motorista notará que es un motor agradable de utilizar, aunque su punto débil es el consumo. Los 5,5 l/100 km que suele consumir se antojan un poco elevados para su potencia. La entrega de par es generosa, 57 Nm, por lo que con las cinco velocidades del cambio es suficiente y no hace falta una sexta.

Tampoco es la moto más ligera de su categoría, con unos 220 kg, eso sí, las prestaciones son convincentes y plenamente comparables a las de un turismo. Para muchos no se quedará precisamente corta. Desprende un aroma clásico y no pretende ser más deportiva, la postura en la que nos vamos a sentar no es radical a pesar de los manillares flexionados hacia atrás. En definitiva, un tacto de conducción clásico sin renunciar a las comodidades y seguridad de una moto de nuestros días.

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