Prueba Ducati Monster 821


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Hace 27 años que Miguel Ángel Galluzzi creó uno de los diseños más reconocibles e imitados de las motos naked, la Monster 900, con su característico chasis multitubular pintado. Su heredera actual es la Monster 821, que sin perder un ápice de deportividad resulta muy utilizable en el día a día y con la tecnología que busca el motorista de nuestra época.

Su corazón mecánico es el V2 Testastretta 11º, haciendo referencia al ángulo de cruce de las válvulas, con el conocido sistema desmodrómico de distribución exclusivo de Ducati. Cubica 821 centímetros cúbicos y entrega 109 CV de potencia a 9.250 RPM. Puede asociarse a un cambio manual de seis velocidades, o un automatismo de cambio que no precisa el embrague al engranar marchas y realiza un golpe de gas en cada reducción.

Este automatismo es muy recomendable, especialmente para los pilotos con menor experiencia que hayan dado el salto a su primera moto grande, dado que no es limitable para el A2. La maneta del embrague no se pierde, pero se puede olvidar uno de ella en la conducción en carretera abierta, logrando cambios perfectos, manteniendo la concentración en el freno y el uso del manillar para una trazada óptima.

Ducati-Monster-821-2Veamos su parte ciclo. La suspensión delantera es una horquilla invertida con tubos de 43 mm y un recorrido de 130 mm, mientras que atrás se apoya en un amortiguador simple, regulable en precarga y extensión, con un recorrido de 140 mm. Para los neumáticos Ducati confía en los Pirelli Diablo Rosso III de 17 pulgadas. Para detenerla cuenta con doble disco de 320 mm delante y cuatro pistones, detrás con un disco de 245 mm y dos pistones, siempre con ABS de Bosch.

El ABS tiene tres niveles de intervención, el control de tracción Ducati tiene ocho. Mediante los modos de conducción (o “Riding Modes”) Sport, Touring y Urban se puede ajustar el tacto de la moto a cada situación, incluso en marcha. Todo puede verse con claridad en la instrumentación LCD rica en detalles y de muy buen gusto. Lleva ledes salvo en las luces de cruce y carretera, que son halógenas.

Dado que la Ducati supera los 200 kg, no saca toda la ventaja posible a su caballería. El consumo tampoco es un prodigio de la austeridad, 5,9 l/100 km, pero permite estirar las paradas hasta 300 kilómetros. No es precisamente una moto lenta, hasta las recuperaciones en sexta quitan el hipo, basten los 9,6 segundos que tarda en pasar de 60 a 140 km/h.

La Ducati se disfruta más en carretera abierta que en la urbe, ya que su manillar es un poco ancho para callejear, el motor V2 transmite calor y el cambio de marchas no termina de ser muy preciso, especialmente para encontrar el punto muerto. En conducción deportiva su punto débil son los cambios de dirección si se hacen con rapidez, pero resulta inequívocamente atractiva en zona de curvas.

Todo esto está a nuestro alcance a partir de casi 10.000 euros, prescindiendo del cubre-colín trasero (versión Dark) y acogiéndonos a los descuentos vigentes.

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